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Presentamos el blog y seguimos trabajando


Llegamos al salón del Consejo Superior y Rodolfo Gigena, quien iba a ser el coordinador del acto, tenía todo listo. Es más, calmó un poco los nervios del equipo, mientras iban llegando amigos, familiares, profes del Programa Universitario Adultos Mayores y autoridades de la UNLPam.

La presentación comenzó muy puntual, a las 18.30. En una pantalla, se proyectó el blog para que el público pudiera ver las notas y fotografías. Después de una cálida introducción de “Rodo”, Cecilia Leiva, coordinadora general del programa, felicitó a los alumnos del Taller de Periodismo de Adultos Mayores por el espacio que habían conquistado, al elaborar su propio blog para dar a conocer sus producciones.

Durante su breve discurso, leyó una carta enviada por el secretario de Cultura y Extensión Luis Díaz, quien no pudo asistir al encuentro. Su mensaje, como tantas otras veces que habló con el equipo, fue de puro aliento al esfuerzo de este grupo y remarcó la importancia de la construcción de un canal de comunicación de estas características.

Después, fue el turno de los autores del blog, quienes explicaron a los presentes el proceso de producción de esta página digital y el enorme desafío, que significó salir a hacer notas, tanto desde el punto del aprendizaje, como de su propia socialización. Se soltaron algunas lágrimas. Es que nos hicimos muy amigos y esta muestra del trabajo de seis meses fue un paso muy importante para todos.

Un medio de comunicación

El blog es ahora apenas una pequeña parte de lo que aspira a convertirse: un medio para la difusión de las actividades del Programa Adultos Mayores, de sus alumnos y profesores, y todos aquellos temas de actualidad, que resulten de interés para su staff periodístico. Ojalá que, de a poquito, vaya ayudando a mejorar la comunicación y a crear nuevos puentes de integración con la sociedad. Así, pensábamos todos mientras veíamos nuestros textos y fotos sobre una de las paredes de la sala en la tarde de ayer.

Entre quienes acompañaron al grupo este viernes, había autoridades de PAMI y la vicerrectora de la UNLPam Estela Torroba, quien cerró el acto con palabras muy afectuosas y fortalecedoras para el taller. Sobre el final, Rodo recordó que el blog pronto estará disponible también desde el sitio web de la universidad.

¡Gracias a todos por venir! También, a los medios de comunicación, que difundieron este espacio porque sabemos que están con muchas cosas y que nos hayan hecho un lugarcito es muy importante para nosotros y para todos los alumnos y profes del Programa Adultos Mayores.


Sobre el final, una fiesta muy cálida


Después de la presentación, nos relajamos y compartimos una hermosa charla. No faltaron las bromas a los que hablaron en el acto. Si supieran qué ricas tortas. Estos periodistas cocinan tan bien como escriben.


Hacerse "grande"


Al envejecer, se van devolviendo poco a poco los dones de los que se nos hizo acreedores. Ya no está la piel “tirante como ráfaga” ni los ojos iluminan cualquier estancia.

Algunos otros detalles -de mayor valor que los ojos y que la piel- también desaparecen. Pero empieza a crecer un órgano precioso e invisible, cuya existencia desconocíamos. Primero, es un latido. Después, inunda el corazón.

Los ojos -aunque no brillen- ven más y lo descubren todo: “Cuando la vista se acorta/es cuando se empieza a ver”. Ya no se escucha ruido de espaldas que chocan, sino suaves vientos que arrastran hojas secas y cada una es una cara, es un recuerdo, es un espejo.

No es necesario decir sí. No es necesario “parecerse” a una hermosa mujer o a un hombre fuerte: los competidores han desaparecido, se puede subir hasta la cumbre y a la vez descansar. Se puede recitar mientras suben y el recitado no hace perder el aire. “La vejez, tal es el nombre que los otros le dan, también puede ser el tiempo de la dicha”, dice Jorge Luis Borges.

Marta Yurk


Fotoreportaje sobre el taller

















La universidad, como espacio para el adulto mayor


“Adultos Mayores” es el nombre, que reciben quienes pertenecen al grupo etáreo, que va de los 50 años en adelante. Son los de “la tercera edad”. Pasan por una etapa de la vida en la que los proyectos ya se han consumado. Dejaron de trabajar; o bien, se jubilaron y siguen siendo personas perfectamente sanas y activas.

Es un sector de la población muy heterogéneo, con características demográficas, culturales, biológicas, sociales y económicas muy diferentes. Desde distintos organismos e instituciones, se intenta dar respuesta a sus necesidades, a través de diversas estrategias, como el Programa Adultos Mayores de la Secretaría de Cultura y Extensión de la UNLPam.

“Estas acciones se rigen por un modelo multidisciplinario para lograr la atención integral de la persona, dentro de un marco de contención con calidad y humanismo, que le permita adquirir recursos para hacer su vida más agradable y productiva”, explica Cecilia Leiva, coordinadora de esta iniciativa, que impulsa la casa de altos estudios.

¿Por qué la universidad se compromete con la problemática del adulto mayor y ofrece diversos talleres? “Tiene una responsabilidad social por ser una entidad pública (la financian los impuestos de todos los habitantes) y debe cumplir con ellos: este programa se desprende de esa convicción”, explica Luis Díaz, secretario de Cultura y Extensión de la UNLPam. De acuerdo al estatuto universitario, la casa de altos estudios debe llegar a la comunidad y la encargada de hacerlo es esta secretaría, apunta.

Los profesores a cargo de los cursos son, en su mayoría, docentes universitarios. Los talleres se desarrollan en general en las sedes universitarias de Santa Rosa y General Pico, aunque también funcionan algunos en otras instituciones, en especial en aquellos sitios adonde la UNLPam no cuenta con instalaciones propias.

Mejor calidad de vida

Un número interesante de universidades está impulsando programas para adultos mayores y la UNLPam se quiso sumar a esta nueva iniciativa educativa, añade Leiva. “Los talleres surgen de un diagnóstico previo, en el que se tiene en cuenta los intereses de los alumnos y de los profesores; es decir, si bien hay características comunes con otros programas, también posee características propias”, indica la coordinadora del programa.

Los adultos mayores, en gran medida, están contenidos por sus familias. Durante su vida, cumplieron sus sueños, anhelos y proyectos y aún tienen deseos de hacer cosas que no pudieron realizar o sienten nuevas inquietudes.

Otros se encuentran solos y tienen necesidad de aprender, de llenar ese vacío con algo productivo que les brinde satisfacción u otras expectativas. Se acercan a la universidad y encuentran en estos talleres lo que buscan: mejorar sus condiciones de vida y reintegrarse de forma social y productiva.

Marta Yurk


El taller de computación, el más concurrido


Los talleres para adultos mayores, que brinda la Universidad Nacional de La Pampa, en estos últimos años, se han hecho algo cotidiano en la vida de la ciudad. En el caso del espacio dedicado a la computación, hay varios docentes.

Uno de ellos es Carlos Barbero. Tiene un grupo que sigue atentamente sus explicaciones y anota cada cosa que dice en el Aula Universia, donde se realizan los encuentros, como un tesoro para poder practicar después.

Cuando finaliza la clase, el profesor habla de esta fascinante experiencia, que es trabajar con alumnos mayores, deseosos de aprender algo distinto. “En general, se acercan para tener un contacto con la tecnología y poder estar a la altura de sus hijos y nietos que dominan esta área”, explica Carlos.

Muchos tienen conexión a Internet, pero no la saben usar adecuadamente. Todos han creado su propia cuenta y la utilizan intercambiando mails y direcciones entre ellos, relata. En otros casos, se han podido comunicar con familiares que están lejos y esto representa una novedad importante, que no parecía fácil de lograr.

Se ayudan mucho entre ellos. Los que no tienen acceso a la red van a un ciber y, desde allí, practican, añade el docente.

Como en todos los grupos de alumnos de cualquier edad, hay algunos que tienen más dificultades que otros. Por eso, se organizan entre ellos para realizar la enseñanza más personalizada. “Es de destacar el esfuerzo que realizan y las ganas de aprender que pone cada uno”.

Terminando la entrevista, el profesor hace un balance de los cursos. “En general, se van conformes con los conocimientos básicos adquiridos y con la satisfacción de que ellos lo pueden hacer”, concluye.

Silvia Rava




¿Por qué un curso de PC?

Fuimos al curso de computación para adultos mayores en la universidad y conversamos con algunos alumnos.

Marta explica que, para ella, era importante el curso porque quería aprender a usar la computadora y “perderle el miedo”. El profesor trata que ellos “entiendan”, pero ella cree que los mayores se cierran a veces “a los nuevos conocimientos”.

Su tocaya y compañera dice que, como se sentía “ignorante” en el tema informática, se compró una PC y comenzó el curso. De esa manera, está “enchufada con el mundo”.

Otra alumna de segundo nivel es Mirta. Señala que, como su entorno se maneja con Internet, se decidió a aprender y eso le permite conectarse e investigar ampliamente. También es bueno para la camarería que se desarrolla, asegura. “Si hubiese otro nivel, lo haría”, dice.

Esmilda Fernández Acevedo

El Taller de Fotografía, "romper los mitos"


En una simple y cómoda charla en el buffet de la Universidad Nacional de la Pampa, Ricardo Echaniz habla sobre su experiencia, como profesor del Taller de Manejo de Cámara Digital y Fotografía Inicial del Programa de Adultos Mayores, que se viene realizando desde el año pasado.

El profesional se desempeña como fotógrafo en el diario “La Arena” y es uno de los integrantes del Foto Club Pampeano. En una entrevista con el Taller de Periodismo, relata que en 2008 participó en una capacitación docente, que le permitió acortar distancias con sus alumnos. Aunque los conocimientos que ganó en su actividad privada fueron de gran ayuda, a la hora de impartir la enseñanza del lenguaje fotográfico.

Nuevos conocimientos

Como profesor de un espacio de formación para adultos mayores, Ricardo percibe que esta franja de la población se acerca a los talleres por diferentes motivos. Uno de ellos podría ser la necesidad de integrarse a un grupo, indica. Otro, aprender el manejo de la cámara fotográfica y, por último, las ganas de sumar nuevos saberes.

Al finalizar los talleres en estos años, observó que por diferentes causas los alumnos se agruparon porque habían compartido otras actividades anteriormente o por afinidad. Fue entonces que comenzó a programar diferentes salidas con los integrantes de sus clases, cuyo único objetivo era “disfrutar del placer de tomar fotos”, dice Ricardo.

El saldo siempre es positivo. Cuando concluye un taller, los alumnos generalmente quieren seguir aprendiendo, para acceder a una instancia superior, como la técnica del programa Photoshop y el procesamiento de imágenes.

Recientemente, parte de sus grupos, al finalizar los encuentros, acordó continuar con esta pasión, la fotografía. De esta manera, se comprometieron en concretar un proyecto independiente para encauzar tanto entusiasmo. Para sostenerlo, la iniciativa contará con el acompañamiento de Ricardo. En un lenguaje directo pero distendido, concluyó la entrevista, expresando: “Se debe romper con el mito de que no se puede”. Una verdad que asimiló en su experiencia con los adultos mayores.

Nora Astudillo

“Adultos mayores”, apocalípticas e integradas


Es un tema que siempre enciende la polémica en los talleres. Ni gente grande, ni jubilados. Mucho menos, “viejos” o “abuelos”. A punto de convertirse en mala palabra, se encuentra “ancianos”. Nada convence a la hora de definir la etapa que va de los 50 años para arriba. Algunos conviven con las etiquetas sin inconvenientes. Pero hay un grupo creciente de detractores, que se resiste a toda denominación, que ponga en duda sus capacidades, sus ganas y su sabiduría. Seis mujeres se animan a analizar este momento de la vida y opinan sobre las formas más adecuadas de ponerle un nombre.


Dos preguntas, chicas. ¿Cómo recibieron la noticia de la jubilación? La otra: ¿Qué opinan de la denominación “adultos mayores”?

Silvia (60). “Llegué a esta etapa con mucha expectativa y con el deseo de volver a insertarme en la sociedad para no sentirme inútil”. Sobre la clasificación en discusión, dice: “No estoy de acuerdo porque me siento discriminada y me gustaría saber por qué nos pusieron ese título”.

Susana (63). “Jubilarme fue un regalo del cielo. Hago muchas actividades extra”. Para ella, que le digan “adulto mayor” le resulta “agresivo” y no le gusta.

María Rosa (65). “Me sentí liberada de mi obligación, debido a que en mi último año de trabajo tuve 35 horas cátedra”. Sobre las palabritas que incomodan, dice que las “patea”, pero reconoce que es “mayor”.

Mirta (67). “Retirarme fue fantástico, un verdadero jubileo, como lo indica la raíz del término. Además, me dio el tiempo para preparar el ajuar de mi segunda nieta, con toda la tranquilidad”. ¿Adultos mayores? “Lo digiero perfectamente”.

Alicia (67). “Me molestó que me jubilaran; es decir, que el gobierno decidiera por mí”. También se siente “discriminada”, con denominación en cuestión. “Adultos nos abarca a todos a partir de los 35 o 40 años”, explica.

Nora (58). “Todavía sigo trabajando de tarde, en la empresa de mi hija, una actividad que me permite pagar las expensas de mi departamento”. Para ella, lo de “adultos mayores” es también “discriminatorio” y no entiende a qué apunta esa clasificación. “No sé qué quieren diferenciar”.

Rosita López

“Y yo, ¿adónde me ubico?”


Desde siempre, la soledad es el fantasma que acecha a la tercera edad. Si se considera que las mujeres viven alrededor de diez años más que los hombres, ellas son las que más sufren esta etapa.

En épocas anteriores, esta situación se experimentaba, aunque aún hoy todavía ocurre, cuando alguien llegaba a jubilarse. Es decir, al desembarcar en este nuevo período de su vida necesitaba ocupar el tiempo, que quedaba libre todo el día.

Para paliar ese aislamiento, fueron apareciendo espacios, donde estas personas lograban sortear el aislamiento, que empezaban a percibir. En un principio, concurrían para aclarar dudas referidas a sus jubilaciones y otros temas, pero después ese acercamiento fue mucho más que la solución de trámites administrativos.

Así es como apareció el primer Centro de Jubilados y Pensionados de Santa Rosa. Uno de sus propósitos iniciales fue conseguir un sitio donde reunirse y de a poco lo fueron encontrando.

Un punto de encuentro

La asamblea fundacional se realizó en el Club Español, cuenta José Giacomasi, su actual presidente."Concurrió, además, gente de Winifreda y Catriló", recuerda. La casa donde funciona actualmente su sede es propiedad del mismo centro. Allí, se dictan clases de yoga, tango y gimnasia. También funciona una Agencia del PAMI dos veces por semana, apunta Yolanda Chaparro, tesorera de la actual comisión.

La institución tiene casi treinta años de antigüedad y, según sus miembros, siempre fue muy bien recibida por la sociedad santarroseña. Habitualmente, se organizan chocolateadas para celebrar las fiestas patrias, como el 25 de Mayo o 9 de Julio de cada año. Una vez por mes, se realiza una cena y un baile, que suelen ser muy concurridos.

En sus instalaciones de Villegas 746, funciona el coro “Ayuntún”, que conduce el maestro Mario Figueroa. También, se brinda a los asociados la posibilidad de viajar a distintos puntos del país, generalmente con tarifas promocionales.

Esta es la historia del primer centro. Paulatinamente, se fueron formando otros, diseminados por casi toda la ciudad y con un nutrido y heterogéneo grupo de integrantes. Estos espacios vinieron a rescatar a esa franja etárea de su ostracismo, a muchos de los que se preguntaban: "Y yo, ¿adónde me ubico?" y no encontraban un lugar.

Griselda Divan